Cuando pensamos en intervenir sobre las capacidades cognitivas de una persona con demencia, es fácil imaginar ejercicios de memoria o actividades destinadas a conseguir que la persona “recuerde más”. Sin embargo, la estimulación cognitiva es bastante más que eso.

La memoria es importante, pero también lo son la atención, la capacidad para organizar una actividad, mantener una información durante unos segundos, encontrar semejanzas entre distintos objetos, resolver un pequeño problema cotidiano o cambiar de una tarea a otra.

En una enfermedad neurodegenerativa, mantener una capacidad durante más tiempo puede ser un resultado clínicamente relevante.

¿Qué es la estimulación cognitiva?

La estimulación cognitiva engloba actividades diseñadas para activar diferentes procesos cognitivos: memoria, atención, lenguaje, orientación, funciones ejecutivas, percepción o razonamiento, entre otros.

En personas con demencia, su finalidad no es “curar” la enfermedad ni recuperar definitivamente las funciones deterioradas. El objetivo es mucho más realista: activar las capacidades que todavía se conservan, favorecer su mantenimiento y tratar de reducir el impacto que el deterioro cognitivo tiene sobre el funcionamiento cotidiano.

Este matiz es importante porque no todas las intervenciones cognitivas persiguen exactamente lo mismo.

El entrenamiento cognitivo suele practicar de manera estructurada y repetida determinadas habilidades, normalmente incrementando progresivamente la dificultad. La rehabilitación cognitiva, por su parte, suele plantearse de forma más individualizada y vinculada a objetivos funcionales concretos.

La estimulación cognitiva tiene un planteamiento más amplio: propone diferentes actividades que movilizan los recursos cognitivos disponibles y mantienen a la persona mentalmente activa.

No se trata simplemente de “hacer ejercicios”

Una buena intervención de estimulación cognitiva no debería consistir en entregar de manera indiscriminada una colección de fichas.

La actividad debe tener una dificultad adecuada, estar adaptada al nivel de deterioro y evitar tanto el aburrimiento como la frustración. También conviene utilizar tareas variadas, instrucciones sencillas, periodos de descanso cuando sean necesarios y apoyos o claves cuando faciliten la participación.

En mi tesis doctoral, dedicada específicamente al desarrollo y evaluación de un programa de estimulación cognitiva en personas con demencia, el programa se estructuró en 16 sesiones de aproximadamente 50 minutos, dos veces por semana durante dos meses, trabajando fundamentalmente atención, memoria y funciones ejecutivas.

Se desarrollaron además dos formatos paralelos: uno tradicional, mediante lápiz y papel, y otro apoyado en nuevas tecnologías.

Veamos qué significa esto en la práctica.

1. Estimular la atención

Atender supone seleccionar determinada información entre todos los estímulos que tenemos alrededor y mantener nuestros recursos cognitivos sobre aquello que resulta relevante.

Una actividad muy sencilla puede consistir en presentar una secuencia como esta:

Ejemplo

A   ·   4   ·   B   ·   7   ·   2   ·   C   ·   9   ·   D   ·   3   ·   F   ·   6

Consigna: localiza únicamente los números.

Posteriormente podemos modificar la instrucción:

Nueva consigna: ahora localiza únicamente las letras.

Con una actividad aparentemente tan sencilla podemos trabajar la selección de estímulos, el mantenimiento de la consigna e incluso la atención alternante cuando pedimos a la persona que cambie el criterio durante la tarea.

En nuestro programa utilizamos este tipo de actividades, con estímulos objetivo mezclados con distractores. También se emplearon tareas en las que había que modificar la respuesta en un momento determinado.

Importante: la dificultad no consiste en llenar una hoja de elementos. Si añadimos demasiados estímulos, instrucciones complejas o tiempos demasiado largos podemos convertir una actividad potencialmente estimulante en una experiencia frustrante.

2. Estimular las funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas son especialmente interesantes porque intervienen en muchas actividades de la vida diaria: planificar, ordenar pasos, tomar decisiones, inhibir respuestas automáticas, cambiar de estrategia o resolver problemas.

Categorización y abstracción

Rosa   ·   Margarita   ·   Clavel

Pregunta: ¿qué tienen en común?

Memoria de trabajo

Abril   ·   Bota   ·   Casa

Consigna: repita ahora las palabras empezando por la última.

Resolución de problemas

Quiere preparar una tortilla, pero cuando empieza a cocinar descubre que no quedan huevos.

Pregunta: ¿qué podría hacer?

Planificación

María trabaja hasta las 15:00. Tiene que hacer la compra antes de las 20:00 y quiere asistir a una actividad que solamente puede realizar entre las 15:00 y las 18:00.

Pregunta: ¿cómo podría organizar la tarde?

Este tipo de ejercicios permite activar procesos de abstracción, memoria de trabajo, planificación y resolución de problemas.

Lo interesante es que podemos ir acercando progresivamente la tarea a situaciones reales. Planificar cómo preparar una comida, organizar una mañana o decidir qué hacer ante un imprevisto moviliza procesos cognitivos que utilizamos continuamente fuera de una sesión de estimulación.

3. Estimular la memoria

La memoria tampoco es una función única.

Para recordar algo necesitamos, entre otras cosas, atender a la información, codificarla, mantenerla y posteriormente recuperarla. Por eso una dificultad de recuerdo no siempre significa que el problema se encuentre exclusivamente en la memoria.

Las actividades pueden ser muy diferentes.

Información previamente consolidada

Complete los siguientes refranes:

A caballo regalado…

Perro ladrador…

A palabras necias…

Recuerdo de información

También podemos presentar varios elementos durante un tiempo limitado:

Llave   ·   Manzana   ·   Paraguas   ·   Zapato

Después de realizar otra actividad, podemos pedir a la persona que intente recordar los elementos presentados anteriormente.

Otra posibilidad consiste en ofrecer claves de recuperación si la persona no consigue acceder inicialmente a la información.

También podemos trabajar con información autobiográfica, nombres de familiares, lugares conocidos, acontecimientos relevantes, canciones familiares o contenidos relacionados con la historia de vida.

Lo importante no es examinar a la persona ni demostrarle lo que ya no puede hacer. Buscamos provocar actividad cognitiva utilizando aquello que todavía puede hacer.

¿Funciona la estimulación cognitiva en personas con demencia?

La respuesta necesita cierta precisión.

Los resultados de nuestra investigación muestran que la estimulación cognitiva puede contribuir al mantenimiento de diferentes capacidades incluso cuando existe una demencia moderada.

En uno de nuestros estudios con personas con enfermedad de Alzheimer moderada, tras un programa de 16 sesiones, el grupo que recibió la intervención mostró una evolución favorable en diferentes medidas de memoria, atención y funciones ejecutivas, mientras que el grupo control mostró un deterioro progresivo.

Sin embargo, una parte de estas diferencias disminuyó durante el seguimiento realizado posteriormente.

Esto es especialmente importante: en una enfermedad neurodegenerativa no siempre debemos interpretar el éxito exclusivamente como una “mejora”. Que una persona mantenga determinadas capacidades mientras quienes no reciben la intervención muestran deterioro puede constituir precisamente un resultado relevante.

Nuestra revisión de los programas existentes, realizada como parte de la tesis doctoral, apuntaba también a la existencia de resultados favorables, aunque con una importante heterogeneidad entre estudios en cuanto al contenido, duración y características de las intervenciones.

Una limitación especialmente relevante era que numerosos trabajos evaluaban los efectos inmediatamente después de la intervención, pero existía mucha menos información sobre cuánto tiempo se mantenían esos efectos.

¿Es mejor utilizar una pantalla que lápiz y papel?

Esta es una pregunta que ha formado parte de nuestra línea de investigación durante los últimos años.

Las nuevas tecnologías permiten utilizar imágenes, proyectar actividades, proporcionar retroalimentación inmediata y crear entornos más dinámicos. Por ello desarrollamos también una versión tecnológica de nuestro programa de estimulación cognitiva.

En un estudio con personas con deterioro cognitivo moderado, una intervención de 16 sesiones presentada mediante nuevas tecnologías mostró resultados favorables en diferentes capacidades cognitivas.

Pero de aquí no debemos concluir que la tecnología sea necesariamente mejor.

Posteriormente comparamos directamente intervenciones tradicionales y tecnológicas en personas con enfermedad de Alzheimer moderada. Ambos formatos produjeron resultados favorables en diferentes componentes de las funciones ejecutivas, pero no apareció una superioridad general del formato tecnológico.

Quizá, por tanto, la pregunta adecuada no sea:

“¿Qué es mejor, una tableta o una hoja de papel?”

sino:

“¿Qué actividad necesita esta persona, qué capacidad queremos activar y cuál es el mejor medio para conseguir que participe en ella?”

La tecnología es una herramienta. No constituye por sí misma la intervención.

Cinco ideas importantes para diseñar una actividad

  1. Saber qué capacidad queremos activar. No es lo mismo trabajar memoria episódica que planificación o atención selectiva.
  2. Adaptar la dificultad. Una tarea excesivamente sencilla puede perder interés; una excesivamente difícil puede generar frustración.
  3. Aprovechar las capacidades conservadas. La intervención no debe construirse únicamente alrededor de las pérdidas.
  4. Utilizar contenidos significativos y cotidianos siempre que sea posible. Organizar una compra, clasificar alimentos o planificar una actividad pueden resultar más próximos que ejercicios completamente descontextualizados.
  5. Valorar el proceso, no solamente los aciertos. Participar, mantener la atención, intentar una estrategia o responder con ayuda también proporciona información relevante.

Estimular no es examinar

Probablemente esta sea una de las ideas que más merece la pena trasladar fuera del ámbito académico.

Una sesión de estimulación cognitiva no debería convertirse en una sucesión de preguntas destinadas a comprobar todo aquello que la persona ya no recuerda.

Cuando continuamente preguntamos y corregimos, podemos estar evaluando más que estimulando.

Una intervención adecuada selecciona tareas posibles, proporciona apoyos cuando son necesarios, gradúa la dificultad y favorece que la persona utilice activamente sus capacidades.

Esto adquiere especial importancia en la demencia, donde la intervención debe contemplar no solo el resultado cognitivo, sino también la experiencia de la persona durante la actividad.

¿Con qué idea deberíamos quedarnos?

La estimulación cognitiva no detiene ni cura una demencia.

Pero esto no significa que no podamos intervenir.

La investigación que hemos desarrollado durante estos años muestra que trabajar de forma estructurada las capacidades cognitivas conservadas puede contribuir a su mantenimiento y producir beneficios en determinadas funciones incluso en fases moderadas de la enfermedad.

También nos recuerda que los efectos no son iguales para todas las personas, para todas las funciones ni necesariamente se mantienen una vez finaliza el tratamiento.

Precisamente por eso necesitamos abandonar las recetas universales.

No se trata de hacer más fichas, utilizar más aplicaciones o conseguir más respuestas correctas. Se trata de diseñar actividades con un objetivo, adaptarlas a la persona y utilizar aquello que sabemos sobre el funcionamiento cognitivo para mantener activas durante el mayor tiempo posible las capacidades que todavía permanecen disponibles.


Para saber más

Gonzalez-Moreno, J., Satorres, E., Soria-Urios, G., & Meléndez, J. C. (2022). Cognitive Stimulation in Moderate Alzheimer’s Disease. Journal of Applied Gerontology, 41(8), 1934–1941. Ver publicación .

Gonzalez-Moreno, J., Satorres, E., Soria-Urios, G., & Meléndez, J. C. (2022). Cognitive Stimulation Program Presented Through New Technologies in a Group of People with Moderate Cognitive Impairment. Journal of Alzheimer’s Disease, 88(2), 513–519. Ver publicación .

Gonzalez-Moreno, J., Soria-Urios, G., Satorres, E., & Meléndez, J. C. (2025). Comparing Traditional and Technology-Based Methods for Executive Function and Attention Training in Moderate Alzheimer’s Dementia. Psicothema, 37(1), 42–49. Ver publicación .

González Moreno, J. (2020). Programa de estimulación cognitiva (EC) de la memoria, atención y FFEE en personas con demencia. Tesis doctoral, Universitat de València.